MIÉ. 1 JUL. 2020

El Coronavirus Salvó Mi Negocio

Pocos negocios no fueron afectados por esta pandemia. Menos aún fueron los que se beneficiaron. Mi caso tal vez sea único—el COVID-19 fue la mejor peor cosa que pudo haberme pasado.

En aquel lejano febrero de 2020, del cual ya han de haber transcurrido al menos una veintena de meses, se veía venir una sombra que ciertamente lo cambiaría todo—solo no sabíamos hasta qué punto. Con el paso de los días resultaba cada vez más obvio lo que llegaría a suceder, haciendo eco de los acontecimientos que venían del viejo continente.
Trabajamos con agencias de marketing, hoteles, florerías y restaurantes, y correo tras correo y llamada tras llamada nos hicieron saber que prescindirían de nuestros servicios. Lo más que pude lograr fue no cancelar contratos, sino suspenderlos, esperando que un día todo volviera a la normalidad.

Para este punto ya había empezado a hablar con gente con más experiencia que yo. Mi papá me contaba hace muchos años que en los 80 hubo una escasez de productos básicos para la higiene—mi abuela tenía que ir a El Paso y traer jabón, shampoo, pastas y cepillos de dientes. Mi generación, para bien o para mal, nunca ha enfrentado una crisis económica—y esto aparentaba ser peor aún.

Mentiría si no hubo miedo, desesperación o ansiedad (o las tres y más al mismo tiempo), pero la situación sacó lo mejor de mí. El primer paso que tomamos fue reducir nuestros costos de vida al mínimo, y eso implicaba reducir la renta, cosa que estando en CDMX es imposible, por lo que decidimos mudarnos a Puebla. También cancelamos todos los servicios no esenciales. Esto no nos salvaría, pero nos conseguía tiempo valioso para ver qué podríamos hacer para salir adelante.
El segundo paso fue empezar a buscar vías alternativas de ingresos; pulí mi CV y comencé a postularme. No me sentía listo para volver a ser asalariado, pero la situación no estaba como para ponerse exquisito. Comencé a ofrecer servicios de la agencia para afuera, y planear que si osom sobrevive, nuestro mercado se ampliaría al haber menos competencia. La clave era mantener las luces prendidas.
El tercer y último paso fue esperar, aunque no con los brazos cruzados. El estar operando del día al día había ocasionado perder la visión sobre objetivos a más largo plazo que un par de semanas. De pronto, con los proyectos detenidos y una capacidad de sobra, pude empezar a trabajar nuevos materiales de mercadotecnia para nuestros productos.

Los resultados no fueron inmediatos, pero llegaron; cerramos un nuevo servicio —en plena pandemia!— y encontramos una vía alterna de ingresos. Algunas estrategias funcionaron, otras no. Se nos fue dinero y tiempo en algunos casos, pero lo importante es moverse.

Hoy no puedo cantar victoria, pero el panorama ha dejado de verse desolador—aún tengo deudas por pagar, pero he diversificado el negocio y he aprendido lo destructivo que es el status quo. Y también entendí que lo peor que nos puede pasar también puede sacar lo mejor de nosotros.

El Coronavirus Salvó Mi Negocio fue escrito por @rafael_soto_ el día miércoles 1 de julio de 2020 a las 12:02 p. m.

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